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jueves, 17 de diciembre de 2015

Día de reyes con mi abuela

Me acuerdo que cuando era pequeña, en casa, mis padres y mis hermanos abríamos los regalos y a continuación subíamos a desayunar con mi abuela y  desenvolver los regalos que me habían dejado en su casa. A ella le encantaba sentarme en el suelo de su habitación y tirarme una bolsa llena de regalitos, le gustaba ponerse por los pies de la cama y ver como los abría, dentro de ellos no podían faltar las bragas y los calzoncillos para todos sus nietos, fuese reyes o cumpleaños siempre te las regalaba. Fue una época muy bonita donde recuerdo con nostalgia a mi abuela.

miércoles, 2 de marzo de 2011

La muñeca de cartón

La historia trata sobre mi madre en su infancia,mis abuelos maternos, tuvieron como tantos matrimonios una familia numerosa, para ser exactos ocho hijos, de diferentes edades, mi madre fue la mayor de los ocho hermanos, y casi hacía las labores de una segunda madre,pues cuidaba de ellos y ayudaba a mi abuela en la casa. Mi madre muchas veces cuando nos reunimos todos los tíos y primos, pues ellos empiezan a recordar cosas de su niñez, todas ellas muy graciosas y otras no tantas, pues con tantos hermanos ya uno se puede imaginar la de cosas que podián pasar. Esta historia trata sobre unas navidades, bueno para ser mas exactos sobre el dia de los Reyes Magos,como eran tantos hijos pues mis abuelos me contaban que como eran tantos solo les dejaban un pequeño detalle a cada uno,pues a los chicos algún juguete de latón y a las chicas pues alguna muñeca de trapo o de cartón como fue el caso que mi madre nos ha contado,ella como los demás estaban contentos el día de reyes, pues aunque fuera muy poco lo que recibián ellos como los demas niños estaban muy contentos e ilusionados.A mi madre los reyes le habian dejado una muñeca de cartón y estaba que no podia de lo emocionada y feliz que se sentia,toda la
mañana jugando con la muñeca,hasta ahi todo muy normal,hasta que a dos de mis tíos que se ve que ya estaban aburridos le cogieron la muñeca a mi madre y llenaron una piedra de lavar de las antiguas, de agua,y tiraron a la pobre muñeca dentro, cuando mi madre empezó a buscarla no había manera, pues ella sabia muy bien el sitio donde la habia dejado, hasta que uno de mis tios no paraba de reirse y cuando se lo dijerón ella no se lo creía, cuando se acercó a la piedra de lavar y vio que ya no existia la muñeca sino trozos de papel flotando en el agua,mi madre no paraba de llorar pues estaba tan contenta con su muñeca que no se lo podía creer,bueno al final mis abuelos castigaron a mis dos tíos, pero ellos no paraban de reirse al ver la cara de mi madre. Ahora mi madre cuando lo recuerda también se rie pues fue una de tantas anécdotas que pasarón en su infancia.
AUTORA: Elisa Afonso Jerez.

lunes, 28 de febrero de 2011

Tenerife y la posguerra

Mi abuelo Miguel, fue un hombre que luchó mucho por su familia.
Emigró junto a mi abuela Bibiana a Cuba para buscar algo mejor,
trabajando de lo que fuera.
Allí nacieron seis hijos en un corto espacio de tiempo. El primer parto fue de trillizos de los que sólo sobrevivió uno, Serafín. Le siguieron Carmen (mi madre), Concepción y Celia.
No les fue todo lo bien que pensaban y regresaron a la isla, no sin problemas. Les perdieron las partidas de nacimiento de sus hijos y al pedirlas de nuevo, se las hicieron con los nombres de las tres chicas cambiados. A partir de ese momento mi madre pasó a llamarse oficialmente Concepción, mi tía Conchita se llamó Celia y mi tía Celia, Vivina.
Pero bueno, pese a todo no fueron infelices en los años que siguieron. Incluso tuvieron dos hijos más Miguel y América.
En su pueblo, Los Realejos, pasaba lo mismo que en todos los lugares de España por aquella época. No había casi nada. La comida escaseaba y el poco dinero que se conseguía era para comprar los pocos alimentos que se podían conseguir.
Pero... los niños seguían siendo niños. Mi tía Conchita, como todos los niños y niñas de nuestro país, soñaba con el regalo que le trajeran los Reyes Magos. Su carta, durante varios años, sólo ponía un deseo y... no era precisamente una muñeca; pedía un pan y un "chorizo de perro".
Hasta los Reyes Magos tenían problemas de abastecimiento. Nunca llegó a recibir tan ansiado regalo.
Ya de mayor, y habiendo pasado esos malos tiempos, siempre fue su bocadillo favorito.