Les voy a contar la época de mis bisabuelos que me dijeron hace tiempo en mi casa.
La gente del siglo pasado vivían con animales en sus casas y se trabajaba todo el día en unas
condiciones pésimas y se ganaba poco dinero. En aquella época las gentes caminaba desde sus casas para ir al monte a buscar leña porque nadie en esa época nadie no tenía coche. Ellos vivían en cuevas y todos los días tenían que ir al monte para ir a buscar leña, para poder hacer fuego para poder hacer la comida, como la cena, almuerzo, y desayuno. Las únicas gentes que vivían de lujos eran los ricos que tenían mucho dinero y podían tener cualquier cosa, las gentes jugaban al fútbol con pelota de trapos. Hacían juguetes de verga, ejemplos coches, carros y demás cosas.
Trabajaban todos los días en el campo y en la ganadería porque la actividad principal era esas actividades de trabajo. Las mujeres trabajaban cuidando niños en casa de los ricos pero no tenían derecho a la seguridad social,
Después empezó la guerra civil española y las gentes tuvieron que emigrar para otro lugar porque en España no había seguridad se pasaba mucha hambre y las condiciones de vidas eran muy pobres.
A partir del año 1950 fue cuando en España se vio algo de trabajo y empezó a prosperar la construcción y todos los hombres trabajaron en la construcción.
Vamos a ir incluyendo en este blog anécdotas que hayamos oído a nuestros mayores, sobre cómo era su vida en su juventud.
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miércoles, 27 de enero de 2016
lunes, 28 de febrero de 2011
ANECDOTAS DE UN PADRE
Mi padre me contaba muchas cosas de su vida y lo diferente que eran a nuestros días.
Cuando él era chico, me contaba que tenía que levantarse a las 6 de la mañana para ir a buscar pinocha al monte, con mucho frío y descalzo por supuesto.
Eran 12 hermanos y él era el más pequeño. Dormían todos en un cuartito pequeño.
Cuando mi padre creció se fue a trabajar a las minas y más tarde replantando pinos, dónde un día conoció a mi madre.
Al tiempo, tuvo que emigrar a Holanda a trabajar de soldador de barcos. Mi madre, todavía de novios, seguía manteniendo contacto por carta.
Mi padre en afán de superarse y buscarse una mejor vida viajó más lejos: por Italia, Francia, Grecia y hasta Australia. Finalmente volvió un día para casarse con mi madre. Volvieron a Holanda, mi padre recuperó su antiguo empleo, y mi madre consiguió uno en una gran empresa de textil, donde trabajaban muchos españoles.
A los 8 años vino al mundo mi hermana, por lo que mis padres, que tenían ya bastante dinero reunido, decidieron volver a la isla. Al llegar, mi padre trabajó en la construcción de la autopista del sur, hasta que un día lo llamaron de Unelco por su experiencia de soldador.
Unos años después nací yo. Mis padres ya tenían su vida acomodada, aunque sufrieron mucho para conseguirlo. Ahora me toca a mí seguir los pasos de mi padre, con diferente camino aunque con el mismo fin, espero.
Por: Eliseo
Aula: Arafo
Cuando él era chico, me contaba que tenía que levantarse a las 6 de la mañana para ir a buscar pinocha al monte, con mucho frío y descalzo por supuesto.
Eran 12 hermanos y él era el más pequeño. Dormían todos en un cuartito pequeño.
Cuando mi padre creció se fue a trabajar a las minas y más tarde replantando pinos, dónde un día conoció a mi madre.
Al tiempo, tuvo que emigrar a Holanda a trabajar de soldador de barcos. Mi madre, todavía de novios, seguía manteniendo contacto por carta.
Mi padre en afán de superarse y buscarse una mejor vida viajó más lejos: por Italia, Francia, Grecia y hasta Australia. Finalmente volvió un día para casarse con mi madre. Volvieron a Holanda, mi padre recuperó su antiguo empleo, y mi madre consiguió uno en una gran empresa de textil, donde trabajaban muchos españoles.
A los 8 años vino al mundo mi hermana, por lo que mis padres, que tenían ya bastante dinero reunido, decidieron volver a la isla. Al llegar, mi padre trabajó en la construcción de la autopista del sur, hasta que un día lo llamaron de Unelco por su experiencia de soldador.
Unos años después nací yo. Mis padres ya tenían su vida acomodada, aunque sufrieron mucho para conseguirlo. Ahora me toca a mí seguir los pasos de mi padre, con diferente camino aunque con el mismo fin, espero.
Por: Eliseo
Aula: Arafo
Tenerife y la posguerra
Mi abuelo Miguel, fue un hombre que luchó mucho por su familia.
Emigró junto a mi abuela Bibiana a Cuba para buscar algo mejor,
trabajando de lo que fuera.
Allí nacieron seis hijos en un corto espacio de tiempo. El primer parto fue de trillizos de los que sólo sobrevivió uno, Serafín. Le siguieron Carmen (mi madre), Concepción y Celia.
No les fue todo lo bien que pensaban y regresaron a la isla, no sin problemas. Les perdieron las partidas de nacimiento de sus hijos y al pedirlas de nuevo, se las hicieron con los nombres de las tres chicas cambiados. A partir de ese momento mi madre pasó a llamarse oficialmente Concepción, mi tía Conchita se llamó Celia y mi tía Celia, Vivina.
Pero bueno, pese a todo no fueron infelices en los años que siguieron. Incluso tuvieron dos hijos más Miguel y América.
En su pueblo, Los Realejos, pasaba lo mismo que en todos los lugares de España por aquella época. No había casi nada. La comida escaseaba y el poco dinero que se conseguía era para comprar los pocos alimentos que se podían conseguir.
Pero... los niños seguían siendo niños. Mi tía Conchita, como todos los niños y niñas de nuestro país, soñaba con el regalo que le trajeran los Reyes Magos. Su carta, durante varios años, sólo ponía un deseo y... no era precisamente una muñeca; pedía un pan y un "chorizo de perro".
Hasta los Reyes Magos tenían problemas de abastecimiento. Nunca llegó a recibir tan ansiado regalo.
Ya de mayor, y habiendo pasado esos malos tiempos, siempre fue su bocadillo favorito.
trabajando de lo que fuera.
Allí nacieron seis hijos en un corto espacio de tiempo. El primer parto fue de trillizos de los que sólo sobrevivió uno, Serafín. Le siguieron Carmen (mi madre), Concepción y Celia.
No les fue todo lo bien que pensaban y regresaron a la isla, no sin problemas. Les perdieron las partidas de nacimiento de sus hijos y al pedirlas de nuevo, se las hicieron con los nombres de las tres chicas cambiados. A partir de ese momento mi madre pasó a llamarse oficialmente Concepción, mi tía Conchita se llamó Celia y mi tía Celia, Vivina.
Pero bueno, pese a todo no fueron infelices en los años que siguieron. Incluso tuvieron dos hijos más Miguel y América.
En su pueblo, Los Realejos, pasaba lo mismo que en todos los lugares de España por aquella época. No había casi nada. La comida escaseaba y el poco dinero que se conseguía era para comprar los pocos alimentos que se podían conseguir.
Pero... los niños seguían siendo niños. Mi tía Conchita, como todos los niños y niñas de nuestro país, soñaba con el regalo que le trajeran los Reyes Magos. Su carta, durante varios años, sólo ponía un deseo y... no era precisamente una muñeca; pedía un pan y un "chorizo de perro".
Hasta los Reyes Magos tenían problemas de abastecimiento. Nunca llegó a recibir tan ansiado regalo.
Ya de mayor, y habiendo pasado esos malos tiempos, siempre fue su bocadillo favorito.
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